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Whisky
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Érase una vez un perro llamado Whisky.

Vivía en un pequeño pueblo de la Alpujarra Almeriense y pasaba los días paseando por el pueblo. Whisky no era un perro cualquiera. La mayor parte del tiempo no parecía ser consciente de su entorno, ladraba todo el tiempo como si estuviera borracho e incluso sus dueños no podían influir en su extraño comportamiento.

El perro, bueno, seamos claros, estaba loco, totalmente chiflado. A la desesperación de los camioneros que pasaban, se sentó en medio de la carretera, a veces ladrando, a veces mirando al vacío, a veces incluso dormido. Gritarle, tocar la bocina no podía sacarlo de la carretera. Como los dueños son amigos míos, les ofrecí hacer una exhibición en mi bar favorito. La exhibición fue tan extraña como el propio perro.

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